viernes, 25 de mayo de 2007




Por Martín Sánchez Jorges

Manantiales de ensueño en medio del bosque.
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4Tambopata siempre es una opción para abandonar la bulliciosa capital. Allí, un albergue marca la diferencia al ofrecer un contacto directo con águilas amazónicas y árboles de más de 50 metros.
Desde el embarcadero de Puerto Maldonado toma unos 20 minutos llegar en bote al camino que conduce al Centro Águila Amazónica-Sowewankeri, una casa-albergue creada para promover la conservación de la biodiversidad de la selva amazónica de Madre de Dios a través del desarrollo de proyectos dirigidos al manejo sostenible de los recursos naturales. Dos de ellos son: la protección de la Reserva Ecológica Shihuahuaco, situada entre los ríos Tambopata y Las Piedras, y la liberación de águilas en dicho lugar.
Allí, en medio de un bosque que hace que las pupilas se dilaten por el jolgorio de colores al atardecer, los viajeros pueden compenetrarse con la selva más diversa del planeta a través del turismo vivencial. También puede participar en el Programa de Conservacionistas Voluntarios y permanecer más tiempo en contacto con los proyectos de campo que se estén desarrollando. Una experiencia fascinante sin duda.
Después del almuerzo, compuesto por alimentos inorgánicos, y bajo el amparo de instalaciones construidas con madera proveniente de árboles caídos naturalmente por rayos o por el tiempo, los encargados de este paraíso amazónico cuentan a los huéspedes cómo se inició en la zona el Proyecto de Conservación de Águilas Arpías (PCAA-Perú) y cómo después, tras ubicar otras especies de estas aves, como las crestadas y las escopetadas, la iniciativa creció hasta convertirse en el Plan de Conservación de Águilas Amazónicas.
SALVANDO AL ABUELO. Provistos de binoculares y de varias cantimploras con agua, un guía del refugio comanda nuestra expedición en medio de una agreste vegetación para tratar de observar a las escurridizas aves que huyen día a día de la deforestación.
A medio camino, y después de cruzar bosques de aguajales y manantiales, nos topamos con algunos nidos de las águilas, los cuales han sido construidos en los shihuahuacos o árboles de hierro, que pueden llegar a crecer durante mil años, tener dos metros de diámetro y medir más de 50 metros de altura.
Otras especies de animales e insectos también utilizan como madriguera este robusto árbol, por lo que su preservación es imprescindible para la conservación del ecosistema del lugar. Al retornar al albergue nos espera la sabiduría del ayahuasca, que cura el alma y el espíritu y que nos transmite conocimientos a través de sueños.

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